La mañana de hoy fue una copia exacta de el ultimo día que la había reconocido.
Llovía tranquilamente sobre el bulevar y su paraguas celeste nos cubría parcialmente a los dos, dándome una segunda oportunidad de estar cerca de ella.
No recuerdo bien la fecha pero seguramente no estaría lejos de abril.
A pesar de todas esas coincidencias el final ya no sería el mismo.
Su paraguas no me detenía la lluvia, ya no caminaba con ella, ya no podía sentir que la abrazaba, todo lo contrario, ella caminaba unos pasos adelante mío, tantos como fueron necesarios para que ella no se percatara de mi presencia.
Jamas sabré si fue una oportunidad para volverla a conocer, si alguien me estaba dando una pista de como terminar el dolor, pero lo cierto es que ella caminaba adelante y eso ponía la decisión sobre mis hombros, ojala hubiera sido al reves.
Luego de respirar profundo y con la mirada hacia el piso, seguí mi destino doblando a la derecha, y dejando el bulevar a mi espalda.
Pero a pesar de todo lo que mas me llamo la atención y mas recuerdo, era que su paraguas ya no era aquel pequeño paraguas celeste, si no que era un paraguas de tela roja cuadrille.